martes, 26 de febrero de 2008

PRIMERAS DECISIONES

Mi hermana me comentó la semana pasada que un cliente suyo necesita una casa por un periodo relativamente corto de tiempo y me dijo, en broma, que podría alquilarle la mía. Lo normal hubiese sido contestarle un “alquílale la tuya!” y echarnos unas risas pero, no sé por qué, interiormente no me pareció descabellado: así me obligaría a cambiar de aires y, como últimamente he estado mucho en casa de mis padres y me he encontrado muy a gusto, me haría bien. Mi respuesta de “ya me lo pensaré” la dejó bastante descolocada.

Ayer por la mañana volvimos a tocar el tema en el desayuno. En ese momento le hablé de muchas cosas y le abrí mi corazón como hacía tiempo que no hacía. Me hizo mucho bien desahogarme con ella, porque al fin y al cabo ha vivido muchas de las cosas que me han pasado, porque es mi hermana, es mi socia y nos queremos con locura pese a la “pequeña diferencia de criterio” que podamos tener respecto a mi querencia por las féminas.

Su preocupación iba en aumento a medida que le iba hablando, y se conmovió verdaderamente cuando vio que me echaba a llorar en el bar. Sabe positivamente que nunca lloro, y menos en público. Le quitó bastante dramatismo el hecho de que mi numerito lo tuviera que hacer en una postura de lo más antinatural, mientras también me tomaba el café con leche y el croissant, todo ello para que nadie se diera cuenta, pero aunque nos reímos con ese detalle, en ese momento fue consciente de que estoy verdaderamente jodida.

Nos llevamos muy bien y nos reímos mucho juntas, y como estaba muy preocupada pasé casi todo el día con ella. Fui a comer a su casa y al llegar mi cuñado le soltó un “que la niña (casi tengo 35 años pero sigo siendo la pequeña) tiene depresión!” antes de que el otro cerrara la puerta, que nos hizo descojonarnos otra vez.

Su diagnóstico: necesito que me mimen y me cuiden y que lo mejor es estar un tiempo en casa con mis padres sin preocuparme por nada, y si de paso puedo hacer negocio, pues mejor. Ella, como yo normalmente, es bastante resolutiva.

No obstante, yo no estaba segura sobre la decisión final y la dejé en manos de la Divina Providencia, es decir, que sean los posibles inquilinos, aunque no lo sepan, quienes decidan mi futuro próximo. Ella concertó la cita y esta mañana han venido. Les ha encantado y no han puesto ningún “pero” a mis condiciones. Ni queriendo me hubiera salido mejor. Creo que la señal es clara.

Como en mi familia todo se trata en plan conclave cardenalicio este mediodía toda la familia sabe del asunto y mi madre está encantada y feliz de tener en casa otra vez a la hija díscola e independiente, igual que mi padre, aunque ya les he dicho que no se emocionen porque es algo temporal. De todos modos, creo que va a ser muy positivo para nuestra relación el hecho de volver a vivir juntos.

Así que cualquier día de estos cojo al Tito y la ropa y me planto en casa de mamá para que me mime. Pienso dejar en casa todo lo que tiene y lo que no vayan a utilizar, lo tiraré a la basura, igual que todos los recuerdos. El día que vuelva a vivir allí la haré de nuevo.

Y si éstos se echaran para atrás pues…me daría igual, porque seguiría marchándome con mamá una temporadita.

Hala! ya soy una lesbiana tarada!

3 comentarios:

Molinillo dijo...

NONO, una lesbiana muy inteligente!!!
La verdad que es muy buena la idea, nada como casita..., como cambio de aire..., vas a avanzar coyote... y mucho.
jo..., es hermoso contar con la casa de tus padres, es hermoso el poder decir: ESTE FINDE, ME VOY A CASA, Y DESAPAREZCO DEL MUNDO, COMIDA DE MAMÁ, CHISTES DE PAPÁ..., yo creo que hasta tito va a estar felíz...

puedo ir? jejejeje

un besote nena linda!

Coyote dijo...

Estoy decidida a hacerlo. Ven y disfruta tu tb!!!
beso!

Anónimo dijo...

Hace unos dias que entro en tu blog me gustan tus puntos de vista,que suerte tienes de tener una familia que te arropa cuando lo necesitas eso no tiene precio.
Saludos